HEIDI
La niña de la pradera
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Por: Cinemetraje - 23 de agosto del 2016 | 14:36 hrs - 1.081 Visitas       
 
Escrito por Fernando Sandro
 
La pequeña niña que vive en los verdes campos de los Alpes Suizos es probablemente uno de los personajes con más adaptaciones en la pantalla, cinematográfica, y sobre todo televisiva.
Creada en el texto por la pluma de Johanna Spyri en 1880, no solo es una de las novelas infantiles más famosas, sino que impuso (junto a otras) el imaginario de una apacible vida idílica en contraposición al caos urbano.
Quizás muchos recuerden al personaje no tanto por el libro, como por la serie de TV creada por el maestro Isao Takahata en los setenta, con su animación y música tan característica que la convirtió en un clásico inmediato y atemporal.
Quizás a caballito de un nuevo resurgir del personaje gracias a la nueva serie animada francesa que aquí emite Disney Channel; nos llega una nueva versión de la historia para las grandes salas, con varias particularidades, no proviene de Hollywood, y logra una buena mixtura entre un estilo actual (que la puede asimilar a su heredera Annie) y un clasisismo de origen.
Para bucear en los antecedentes de esta nueva versión llegada de Alemania y Suiza, habrá que remontarse no tan lejos a la letra de Spyri, ni tan cerca al animé de Takahata. La dorada Shirley Temple fue Heidi en los años treinta, y viendo los resultados del nuevo film, debe mucho a aquella película.
 
La adorable Anuk Steffen es el personaje del título, una nena de cinco años, acostumbrada a la vida de campo en los Alpes, criada por su abuelo con un entorno que le es acorde en compañía de su amiguito Pedro.
Más adelante aparecerá su tía Dete, quien decide que Heidi no puede seguir siendo criada por las costumbres del abuelo, al que considera salvaje; y decide llevársela a Frankfurth, a la civilización, para educarla, y para que cuide de Klara, postrada en una silla de ruedas.
El alemán Alain Gsponer, que cuenta con una filmografía algo ignota por estos lugares, se encarga de la dirección en lo que claramente es un film de estudio aunque no provenga de EE.UU.. Dota al filme de todo lo necesario para que sea sumamente agradable ante una primera vista.
La fotografía realza la grandiosidad de los Alpes, hay planos aéreos y abiertos que inspiran libertad, pero también cercanos para apreciar cada una de las travesuras de la pequeña.
Cuando se traslada a la ciudad pierde algo de encanto visual, igualmente logar un interesante contrapunto con lo visto hasta ese momento.
 
La historia se sigue con interés, con un ritmo que pueden seguir niños y adultos sin perderse ni aburrirse. Pero aquí es donde se diferencia de Spyri y hasta de Takahata. Estamos en presencia de una Heidi edulcorada, que no profundiza en ribetes que en la novela y el animé eran más trascendentales. La inocencia reboza por todos los poros e instala una sonrisa permanente y hasta toca alguna fibra para que alguna lágrima pueda rondar; pero a las ideas del abuelo frente a las ideas de la tía, y los padecimientos posteriores de la niña apartada de su eje, le falta peso; tal cual ocurría con el film protagonizado por Temple, pura ternura.
Aún con esta flaqueza argumental que no depara mayores sorpresas, Heidi pareciera ser un producto a contrapunto de lo que hoy en día se ofrece para el público menudo, al que hay que abrumarlo con un frenesí de imágenes, gritos, y colores extremadamente fuertes para tenerlo cautivo. Se agradece que este film vuelva las cosas a su lugar, que se disponga a bajar un cambio sin volverse lento ni pesado. 
Del elenco, naturalmente destaca Bruno Ganz como el abuelo, derrochando talento, aunque sea consciente de estar frente a un film infantil y se disponga a media máquina expresiva.
Steffen es un hallazgo, tiene todo lo que se le puede pedir al personaje, se gana el corazón del público sin hacer demasiado esfuerzo, y no parece ni acartonada ni incómoda, algo común en los actores pequeños. Siendo este su debut en pantalla, ojalá podamos seguir disfrutando de su inocencia.
Colorida pero no chirriante, bella hasta el preciosismo, cálida y amena, simpática, esta nueva versión de Heidi es una propuesta más que interesante para la cartelera infantil, para que los adultos acompañemos y no padezcamos. A los admiradores de la obra original les faltará algo, notará una simpleza quizás excesiva, claramente este no es un producto pensado para ellos, apunta a las nuevas generaciones, y desde ahí sale triunfante. 
 
Anexo de Crítica por Rolando Gallego
Heidi, el clásico de Johana Spyri, que hablaba de la entrañable amistad de una niña custodiada por su abuelo y una joven de una clase completamente diferente a ella. En la nueva versión que Alain Gsponer (“El pequeño Fantasma”, “Lila, Lila”) trae en este siglo, esa amistad se potencia, pero también la soledad de la niña ante la intempestiva decisión de su tía de llevarla a vivir con su huraño abuelo (Bruno Gainz), a quien nunca ha visto.
La imponente apuesta de esta versión de “Heidi” (Alemania, 2016) trae no sólo la posibilidad de descubrir a una joven promesa como Anuk Steffen (Heidi), quien impregna de espontaneidad a esa niña que de un día para el otro transformará a cada una de las personas que conozca.
La trasposición es textual, cada escena corresponde a cada capitulo de la historia, y gracias a un nivel de producción imponente, se terminará por construir un sólido relato desde el encuentro primero entre Heidi y su abuelo (Gainz) y luego con cada personaje que aparezca delante de ella.
 
Pedro (Quirin Agrippi), el pequeño pastor que ayuda al abuelo, será aquella compañía que la niña necesita para pasar las horas del día con un momento de relajación y actividades lúdicas, aquellas que le permitirán ir forjando un espíritu libre y confrontador.
Justamente eso es lo que le servirá luego para poder afrontar la drástica decisión de su tía de alejarla del campo y la pradera para llevarla como “niña de compañía” de una joven paralítica llamada Clara (Isabelle Ottman), quien tras la muerte de su madre nunca pudo recomponerse.
Desde el primer encuentro ambas forjarán una hermosa amistad, la que sólo es interferida cuando la siniestra Señorita Rottenmeier (Katharina Schüttler), quien esconde no sólo la vaga sensación que podrá, en algún momento, conquistar al señor Seseman (Maxim Memeht), y así dejar de trabajar.
Pero Heidi, con su inocencia, y a veces, con su torpeza, se entrometerá en los planes de Rottenmeier, quien no verá con buenos ojos primero la relación de ésta con Clara, y menos luego, la que la niña entablará con la abuela de ésta (Hannelore Hoger), que además, la ayudará a leer y a formalmente adquirir una educación.
 
“Heidi” reflexiona sobre la niñez con simpleza y con valentía, primando en esta nueva adaptación, que se suma no sólo al clásico del animé de los años setenta, sino a otra versiones cinematográficas como la más recordada protagonizada por Shirley Temple, una mirada mucho más dura sobre los prejuicios y el encasillamiento de las personas, como determinantes de las relaciones.
Una impecable recreación de época y la posibilidad de rodar en escenarios naturales, tan vívidos y potentes como aquellos que Spyri describía en cada una de las páginas del cuento, otorgan aire a esta nueva trasposición para generaciones recientes que no vivieron el fenómeno de la tira animada.
“Heidi” vuelve además a poner el foco en la niñez como espacio no sólo de juego, sino como un lugar en el que se necesita el apoyo constante y la constante y paciente mirada del adulto para enfocar o reenfocar las energías y caminos.
Si por momentos uno se pierde en los Alpes, y sueña con volver a tararear el clásico jingle del dibujo, es porque, casi sin quererlo Gsponer nos lleva a nuestras infancias, repletas de posibilidades y ganas por ser de grandes aquello que tanto queríamos.
 
Fuente: elespectadoravezado.com.ar
 
 
 
 
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